Resistir Construyendo


Por el Prof. Horacio Maidana -FETIA Corrientes-

La Comunidad es un anhelo cada vez mayor para mucha gente. El individualismo imperante en nuestra sociedad deja a muchas personas insatisfechas y en parte bloqueadas, sin saber qué hacer para cambiar el estado actual de las cosas.


La acumulación de bienes materiales no supone una mayor calidad de vida y, mucho menos, es garantía de felicidad.


Las desastrosas consecuencias de nuestro actual modelo de vida, basado en el utilitarismo neoliberal y el capitalismo económico, son cada vez más evidentes, y van desde la destrucción de los ecosistemas naturales y las graves afecciones sobre el planeta en su totalidad, hasta el aumento de la desigualdad económica y la injusticia social, pasando por un crecimiento exponencial de los conflictos bélicos, de la represión ilegal que ejercen los gobiernos neocolonialistas y pro imperialistas como este.

Debemos iniciar un nuevo cambio en nuestras vidas y contribuir con nuestro ejemplo al mundo que nos rodea, que Si es posible la creación de un mundo mejor para todos.

Ante la situación actual, los gobiernos de las democracias occidentales se muestran impotentes para tomar desiciones claras y efectivas que pudieran cambiar las cosas. Maniatados por los grupos de presión, especialmente las grandes multinacionales y, en algunos países, por el propio ejército y las fuerzas policiales, y con la mirada puesta en un electorado que sólo entiende de beneficios a corto plazo, nuestros gobernantes se limitan a gestionar el desastre lo mejor que pueden, sin plantearse atacar las causas de fondo que lo generan, temerosos de que si toman desiciones impopulares pueden perder las próximas elecciones y ser desalojados del poder.
No es de sorprendernos por tanto, que muchas personas conscientes de esta situación busquen desesperadamente alternativas en este “supermercado de ofertas”, para su forma de vida y para la creación de “otros mundos posibles, inmediatos y limitados al momento pasajero.
Nosotros por el contrario, tenemos una alternativa que supone vivir, trabajar o colaborar con otras personas en proyectos colectivos que ponen en cuestión nuestro propio ser, durante mucho tiempo entrenado para ser individuo, pero carente de las mínimas nociones para ser siquiera un grupo. Y es aquí donde empiezan las dificultades.
Contra todo esto, desde hace un tiempo, nos propusimos un nuevo camino en nuestras vidas, hacia una nueva forma de vida más simple y sostenible, aumentando la calidad de vida de todos y contribuir con nuestro ejemplo, a la creación de un mundo mejor para todos.
Se trata de un camino difícil y no excento de riesgos, que supone dejar muchas cosas de lado, incluso algunas de nuestras convicciones más sólidas, para poder explorar territorios desconocidos de nuestro propio ser.

Es recomendable empezar este camino juntos, esta “transición” dentro de un grupo de apoyo en el que poder expresar las dificultades y temores y conseguir la energía su fuente para seguir avanzando.
Con los compañeros que estén dispuestos a este desafío, a construir una comunidad de futuro, una comunidad sostenible, debemos “transitar” del “individuo moderno liberal”, como la conclusión de un proceso histórico determinado, a crear -construir- un nuevo sujeto comunitario consciente, participante.
Nuestro punto de llegada será la comunidad sostenible, de sujetos participantes, diversa, que se establecerá en diferentes niveles -intencional, local, biorregional, global-, ecológica, económica, social y culturalmente sostenible, y que encuentre en el “amor” su principal aglutinante, la búsqueda de la felicidad, de nuestra “buena manera de vivir” culturalmente, de raíz guaraní, tal como vivieron muchos de nuestros antepasados -padres, abuelos-, como el principal motor para el cambio individual.

Aprender a reconocer la felicidad en todo lo que hacemos es un primer paso en nuestro proceso de transición, al que seguirán otros como simplificar nuestra forma de vida, tal como lo hacen nuestros hermanos los campesinos, satisfacer nuestras necesidades básicas de una manera creativa y sostenible, aprender a despegarnos de nuestros prejuicios, sentimientos y deseos desencontrados, y en última instancia reconocer al ser trabajador y “constructor” que llevamos dentro y que, con su infinita compasión, cuida del espacio se participación que constituye la base de toda la Comunidad.
Por todo, como decía Joan Manuel Serrat en su canción: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”

Animemonos a reactivar nuestra fuerza colectiva sin miramientos personales y avancemos hacia nuevas propuestas comunes. Tenemos todo el horizonte por delante sin pedir nada a nadie. Depende de todos y cada uno de nosotros.

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