NUESTROS HÉROES DE MALVINAS ¡SIEMPRE EN EL CORAZÓN CORRENTINO!

HÉROES DE MALVINAS CORRENTINOS

Una historia de la guerra, por la compañera Lic. Nancy Esteche Vivoda

Numerosas historias de heroísmo han llegado a nosotros sobre los “cuchilleros correntinos” en la Guerra de Malvinas de 1982.

Todos tenemos un padre, hermano, tío, primo, vecino o amigo de la familia que participó de la contienda como soldado conscripto, oficial jerárquico o voluntario, acudiendo al llamado de la Patria.

La mayoría de los veteranos de guerra, ante la pregunta de si volverían a Malvinas, la respuesta es un SI rotundo.

Hoy, a 37 años del conflicto, voy a contarles la historia de mi hermano, Mario Oscar Esteche Vivoda. Con 18 años cumplidos, fue sorteado con número alto en el Servicio Militar Obligatorio. Debió cumplir la conscripción en la Marina, teniendo como destino el Batallón de Infantería N°5 de Río Grande, Tierra del Fuego.

Finalizados los meses de entrenamiento en Ushuaia, ciudad más austral que las Islas Malvinas, cumplía funciones en un grupo de inteligencia. El 2 de abril de 1982 escucha por radio la noticia de la recuperación del archipiélago en la Operación Rosario.

Tres días después, la sirena de la compañía comenzó a sonar llamando a alistamiento a todo el batallón. El personal, en poco tiempo estuvo listo en la plaza de armas y a las pocas horas partieron hacia Malvinas en aviones “Electra” y “Fockker” de la armada. Todos los soldados del sector de inteligencia, excluyendo los conscriptos, pararían a las islas en el dia posterior al del batallón. A Mario no le correspondía alistarse. Solicitó a su jefe en inteligencia, el teniente de navio Sanchez, pidiéndole ir a Malvinas. El Oficial dibujo una sonrisa y le pregunto porque. Este le respondió que todo el batallón iria a las islas y no podía quedarse solo esperando a que sus compañeros regresen.

Nos cuenta: “El problema era que se habían entregado todos los equipos de alistamiento. Entonces, el teniente Sánchez busca un furriel en letal y me da su equipo. Es así que al otro día estaba volando en un Fockker a Malvinas”.

“La noche anterior a mi partida me encuentro con el suboficial Ferrente, del área de inteligencia, y me dice que esto no es una campaña de maniobra; va en serio, podría arrepentirme y no volar a las islas porque no me correspondía. Pero respondo que ya había dado mi palabra y quería ir a Malvinas con mis compañeros. Entonces me abrazó deseándome buena suerte”.

“Llegué a Malvinas en un día despejado, hermoso. Al poco tiempo de aterrizar nos envían en Unimog a nuestro primer destino, junto al teniente Sánchez. Era una casa de dos pisos, pintada de amarillo, en donde sobresalían unos pinos grandes. A los dos días el teniente enfermo de hepatitis y debió ser evacuado al continente. Me encuentro con el suboficial Escobar del batallón y se asombra a verme en las islas, creyendo que estaba en el continente. Le explico cómo llegue y nos dirigimos con parte del batallón a Sapper Hill, en donde establecimos posiciones. La actividad era permanente, siempre había cosas que hacer. Soplaba constantemente un fuerte viento que rompía los paños de las carpas. Cumplíamos un horario para las guardias, que las hacíamos a cielo abierto, de cuatro horas continuas en el día y de dos horas por las noches”.

La lluvia era casi permanente y por momentos las posiciones se inundabas, pero todo fue subsanado por el alto ánimo y espíritu de lucha que había entre los miembros del batallón.

Los jefes de mayor graduación a la par de los soldados, se preparaban permanentemente para el combate.

Cuenta Mario: “Personalmente por el arma que me dieron debía tener un buen angulo de tiro y por ello me ubique en un lugar especial, construyendo dos nidos de ametralladora, uno hacia el mar y otro dirigido al valle”.

“En el mes de mayo el cañoneo ingles fue incesante, sobre todo por las noches, pero la confianza que nos brindaban los superiores era una ayuda de gran importancia. El 25 de mayo festejamos el aniversario de la revolución entre nosotros, cantando el himno y escuchando las palabras de un alto oficial, que nos recalco la importancia de la fecha y el significado que esta tenia viviéndola en Malvinas en una situación como la que estábamos”.

“Avanzado ya el conflicto fue un capellán a las primeras líneas donde se encontraba el batallón, para dar un oficio religioso y apoyarnos espiritualmente”.

“A medida que pasaban los días y la situación se complicaba, lo que uno ansiaba era simplemente sobrevivir. Teníamos conciencia de un inminente ataque al observar los movimientos enemigos. Dada la función que desempeñaba en el sector de inteligencia, y por las comunicaciones radiales recibidas, sabíamos que la primera línea de nuestro batallón estaba luchando cara a cara con grupos ingleses”.

“Si era de día podíamos ver la gran humareda blanca que levantaba la explosión del proyectil. Los momentos más felices que viví en Malvinas fueron cuando los disparos de esos cañones pasaban sobre nosotros dando de lleno en las filas inglesas y escuchar el grito de alegría de todos mis compañeros. Sin duda uno de los mayores júbilos fue el sonido de nuestros cañones”.

“En la fría madrugada del 14 de junio el batallón numero 5 presento gran resistencia al avance enemigo, ocasionándoles múltiples bajas en hombres y material bélico. Se lucho con valentía y decisión hasta el último momento, dando muestras de un derroche de coraje sin igual. Durante la retirada a puerto argentino, desfilando, encontramos al segundo comandante de la unidad en un salto de agua congelado. En ese instante un helicóptero enemigo descendió poniendo en posición una ametralladora y un lanza cohetes, abriendo fuego hacia nosotros, le dije a mi comandante que debíamos irnos aprovechando la poca visual por la nevada. El capitán de fragata Ponce me dice:

 -¿A dónde?

 –Al pueblo, le respondí

-Váyanse ustedes, que son jóvenes, respondió.

– Si usted se queda, nosotros también, conteste, dirigiéndome a mi compañero Aguirre, “si hay que morir, moriremos los tres”. Lo ayudamos a incorporarse llevándolo en andas hasta puerto argentino.

Finalizada la guerra el soldado conscripto clase 62 Mario Esteche Vivoda recibió la medalla de oro “EN HONOR AL VALOR EN COMBATE”, la cual afirma pertenece a todos sus compañeros porque todos lucharon en el Batallón N° 5.


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s